Marty Supreme
no siempre el deporte es sano.
El Ping Pong, contrariamente a lo que se cree, nació en el seno de la aristocracia inglesa. Se supone que fue el genial invento de unos “pobres” jóvenes, aburridos por el mal clima, creado en y posibilitado por sus gigantescas mesas, en sus gigantescos espacios palaciegos. Algunos dicen que fue sobre mesas de billar, usando libros para separar los campos, similar al invento de la salsa golf, pero en clubes de tenis. Un juego que convertía el deporte de césped y largas corridas en una especie de “fulbito” o por qué no “golfito”, jugado el primero con pelota hecha de trapo para no destruir el decorado interior, invento que rápidamente evolucionó gracias a la industria del juego y la “magia” de la publicidad de por medio hasta que, gracias a James Gibb, un famoso atleta que sugirió a la firma John Jaques Ltd el nombre Ping Pong (que de chino no tiene nada), nombre registrado con éxito, aunque el tenis de mesa ya había sido adoptadp como juego en todas las universidades de Inglaterra.
Sin embargo, Marty Supreme no trata sobre la historia del juego, el cual está convenientemente desdibujado, tampoco sobre la historia de Marty Reisman, que por sí mismo ya hubiese dado un interesante film, sino que se trata de otra cosa: de cómo el fin justifica los medios. Como buena historia actual, dedicada a desandar lo andado, del mismo modo que un presidente pudo decir: el trabajador compra dinero con su trabajo; aquí en nuestra historia, el éxito justifica cualquier execrable acción.
Un film que ya de por sí es ambicioso por donde se lo mire, un falso biopic, que suda ideología en todas sus secuencias, típica historia contada desde los imaginarios actuales. Más que reflejar la época en que discurre; aquí corresponde hacer un paréntesis: siempre, por más honesto que sea el director y el guionista es imposible que una historia no esté inscripta en su época, como ya dije en otro artículo: no hay sólo un Platón (en el sentido de un Platón verdadero fuera de su tiempo); cada época tiene el suyo; lo que no quiere decir que sea lícito falsearlo, como parece ser hoy la regla.
Una de las falsedades, fuertemente ideologizadas, es el papel de un supuesto Milton Rockwell, que recuerda al otro millonario infame, el del film El Brutalista (The Brutalist, Brady Corbet, EEUU/UK/ Hungría, 2024) en éste, en Marty Supreme, Rockwell, apellido que también suena a vieja familia aristocrática americana como el de Harry Lee Van Buren en El Brutalista, está promocionando un objeto que va a hacer a la escritura de los tiempos modernos: la birome. No sé si por total ignorancia o por desidia o por qué cuestión, no se menciona al personaje de Ladislao Biró de quien proviene el nombre Birome, (quien si merecería un biopic) de origen Húngaro, radicado en la Argentina que no sólo fuera su inventor, de hecho el sistema de “buble” de impresión es un derivado del mismo, sino referente de la cultura argentina entre ellos de otro personajes como lo fue el Arquitecto Mendez Mosquera, dueño de la agencia Cícero, pionera en el universo de la publicidad y la comunicación audiovisual; (para los jóvenes, es recomendable ver las publicidades de Cícero para la Bic)
Tanto en uno como en otro film (Marty y el Brutalista), el papel del multimillonario es el papel del villano, villano miserable por cierto, adjudicándole actos de absoluto mal gusto, casi caricaturescos, como es el del sometimiento violento y abusivo (como si pudiese ser de otro modo) de nalgadas en público tanto como el intento de hacer besar a Marty el trasero de un cerdo (obviamente explicar las connotaciones religiosas está de más) en final de un partido en Marty Supreme en acto de supuesta y excesiva venganza, recuerdan a la violación sexual (siempre la violación es sexual) de László Tóth por parte de Buren en El Brutalista
Y acá hay una trampa demagógica, la de demonizar gratuitamente al multimillonario, de no exponer al sistema -corrupto- del que forman parte, obviamente (de manera metafórica o real) tanto Buren fue y es sistemáticamente violado como Rockwel ultrajado; lo cual es parte necesaria de un sistema abusivo, donde esa violencia es la objetivación burda de todas las otras violencias “necesarias”, sino que esas acciones las muestra sólo como provenientes de personas corruptas; ninguna de ambas películas denuncian el sistema; no nos dicen que esa maldad es estructural y connatural al sistema al cual tanto Marty como Thót admiran, sino que los muestra sólo como individuos cuyo poder les permite ser viles, por ende no es el sistema que hay que transformar, sino sólo personas individuales contra lo que hay que luchar; la lucha en estos filmes es de individuos fuera de la sociedad.
Un buscavidas, un egoísta de la vida, un maltratador, muchas veces cruel, aunque permanentemente se victimiza, Marty es el retrato de cualquier aspirante a lo que se entiende en la actualidad por joven de derecha, que cree, en definitiva que el ultraje es lo que hay que pagar para finalmente ser “tocado” por “la mano” del éxito.
El paroxismo del contrabando ideológico son los partidos de Ping Pong, porque con el objeto de construir un relato, que de por sí es malicioso, falsea la realidad: en el momento en que sucede y contrariamente a lo que el film muestra, el juego ya estaba instalado, no era tan marginal como se lo describe; desde el año 1931 se pide su inclusión como deporte Olímpico cosa que recién se logra en 1977, y si bien se lo considera un deporte inventado por los aristócratas ingleses, en el tiempo donde sucede el film, ya eran dos mujeres una Húngara y otra Rumana, Máría Mednyánszky (1926-1931) y Angelina Rozeanu (1950 1955) campeonas imbatibles, y en masculinos el Húngaro, Victor Barma (1930-1935) es cierto sin embargo que Japón dominó los juegos desde 1952 a 1957, debido a la incorporación de la espuma en la raqueta, pero luego fue China, destronada por momentos por la llamada escuela sueca con Jörgen Persson, Peter Karlsson y Jan-Ove Walder quienes consiguieron hacerse con el campeonato del mundo por equipos en 1989, 1991, 1993 y 2000, lo cual muestra que la construcción narrativa está muy alejada de querer mostrar cierta verdad: Estados Unidos nunca entró en ningún campeonato mundial, cosa que el film hace parecer que sí.
La película en realidad cuenta la alianza israelí y el ejército de EEUU, cosa que objetivamente cierra la película, mientras que el millonario, cual filisteo, subordina el honor de la patria a la ganancia del capital; hace recordar a las diatribas del Führer contra los burgueses. Sobre el final, superpone las imágenes donde claramente deja ver la estrella de David que Marty lleva en el cuello, y a posterior a los únicos que aplauden el triunfo, son los hombres del ejército norteamericano. Más que ideología sólo es propaganda, claro, propaganda por la que probablemente, igual que el Nobel de la paz le fue otorgado a Corina Machado, le sea otorgado el Oscar a este film, pero no quiero hacer futurología.
Finalmente, y como dije, es fiel a la época, no importa ser un perfecto miserable si finalmente consigues tus objetivos, yo por mi parte entonces, prefiero estar pasado de moda.
PD, quedan mil cosas en el tintero, como el uso de los amigos, la estafa del perro, la miserable actitud frente a la mujer embarazada, (claro que el hijo, siempre posible mesías, es digno de la emoción del protagonista, pero manipulador desde el punto de vista narrativo, impidiendo condenar al “héroe”) y finalmente estoy seguro que pocos lo pensaron, pero si yo hubiese sido el jugador japonés, viendo su miserable desesperación hubiese dejado finalmente que gane Marty.


