BAFICI 2026: Los vencedores; Pablo Aparo
El problema no es lo que dice sino cuándo se dice lo que se dice, indudablemente el contexto modifica el contenido, si la privatización de la esclavitud en Atenas, fue un avance, hoy declamarlo seria por lo menos aberrante. Cuando Napoleón sustituyó en la carrera militar la pertenencia aristocrática por los méritos, fue todo un avance, hoy el discurso de la meritocracia es como menos repulsivo.
Siempre sostuve que La caída (Der Untergang , literalmente el Hundimiento, Oliver Hirschbiegel, DE, IT, AT 2004) no se trataba de la humanidad de Hitler, sino de hacer potable la figura del mismo, de tal manera que abría la puerta para que los grupos de ultra derecha comiencen a ser potables para la sociedad.
Muchas veces, un autor, con la mejor de sus intenciones, termina siendo funcional a todo lo que parece deplorar, esta es una discusión que de modo circular, siempre vuelve a darse, como ya era una discusión entre Gorki y Lenin.
Los jefes de los campos de concentración eran padres preocupados por sus hijos, buenos maridos que incluso le hicieron jardines a sus esposas y como dice Hannah Arendt, estos seres de pesadilla, en definitiva no eran monstruos. Es muy fácil hacerse amigo del vencedor, incluso que el vencedor de modo condescendiente termine prestándote el arma para hacer un disparo.
Tengo una anécdota personal sobre las armas, un día, un conocido mío en EEUU, me mostró su colección de armas, es bien sabido que los norteamericanos guardan arsenales en sus roperos y no voy a negar que tienen cierto encanto. Me mostró primero unos revólveres, después una Glock y también una Magnum, todas en sus cajas originales, y finalmente sacó de un estuche, envuelto en una gamuza, una Parabellum o mejor conocida como Luger, cuando el dueño me dice que la tome, la miro por un instante y sin siquiera ponerle un dedo encima, le digo que esa arma no la toco; desconcertado la vuelve a guardar. Hoy no me arrepiento de haberme negado, lo mismo hice cuantas veces me la presentaron posteriormente.
Hay diálogos innecesarios, a pesar que la moda indique lo contrario, pero lo que es moda siempre es por donde se cuela el discurso de poder.
El film de Pablo Aparo indudablemente está bien construido, está tan bien construido, tan inserto en el discurso de época, que confunde y deja confundir las miradas individuales, los dolores de la micro-historia con las cuestiones de la macro-historia, confusión hoy muy común, toda la escuela pública se pone en crisis por la queja de un niñe.
Yo soy de la idea de que no todas las voces son necesarias de ser escuchadas, incluso, el acto conlleva cierto riesgo, no necesito que me caiga simpático un representante del enemigo, y no necesito saber lo que debiera ser sabido, la historia de los argonautas lo confirma.
Que los colonizadores crean que es su país, un territorio ocupado, es tan cierto como los Belgas creían que el Congo era su país, o los Bóers pensaban que Sudáfrica era blanca, las justificaciones de los colonos, hoy los vemos todos los días en la tele, son deplorables, y con la inclusión de migrantes africanos en el film, que nos quiere mostrar?, que el colonizador es democrático?, es como entrevistar a los australianos o neocelandeses hace mas de 50 años, pero el nuevo cine australiano y neocelandés pudo poner en crisis esa noción de pertenencia, aunque sea después de las crisis económica, que los llevó a entender que eran una población de segunda del imperio británico (ver entrevistas con Peter Jackson)
En un momento donde se pone en juego la entrega de vastos territorios Nacionales junto a bienes naturales, mostrar las Malvinas desde la perspectiva de un colono, como la entrevista (que tiene todos los aires de estar guionado o por lo menos pactado y montado), -los “kelpers” no son tan malos- es por lo menos bastante desagradable para los que vivimos la invasión.
Que Galtieri haya sido un dictador y que usó las invasión a las Malvinas como “manotazo de ahogado” para un gobierno dictatorial que se hundía, y aunque se llenó la plaza de mayo de gente vitoreando al criminal, ni es indicativo de que la sociedad en su conjunto apoyó la invasión, (ese fetichismo de mostrar la plaza llena es deplorable) para justificar la pérdida de la legitimidad del reclamo argentino, como tampoco negar el derecho de ese reclamo territorial, como parece decir el film.
En este sentido, el trabajo de Aparo, su discurso, tiene similitud al del golpeador que justifica su acción abusiva en el el supuesto “delito” del otro (había caca hasta en las camas) como si los soldados ingleses no hubiesen recurrido a las violaciones sistemática de mujeres y no tan mujeres, desdibuja la acción de Thatcher equiparando el hundimiento del crucero ARA “General Belgrano” a “lo mal que la pasaron en los días de cautiverio”, es similar al discurso del abusador que clama alegre que la justicia lo absolvió, el sentimiento que queda después de ver el film es la de escuchar a un violador justificar su violación en que la violada usaba la pollera demasiado corta.
Hay varias escenas que me resultaron intolerables, y principalmente la ausencia de la voz del director en aclaraciones clave, silencio que va de principio a fin, actitud que deja la pelota del lado del invasor, no vencedor. Una es la mirada condescendiente de la cámara sobre los entrevistados, porque ahí hay una trampa, que hubiese esperado de diferente?, el silencio frente a las imágenes grandilocuentes de los bombarderos cruzando el cielo de las Malvinas y el colono diciendo que es el rugir de la libertad, es al menos repugnante.
La pobrísima imagen del cementerio junto a mostrar la preocupación de los obreros ingleses de arreglar la lapida, no es menos que propaganda, el silencio del entrevistador mas que reportaje se convierte en “publinota”.
Otra cosa que me revolvió el el estomago es el papel de la mujer chilena, típico de colono (en las historias australianas también se la puede observar) el uso sexual del servicio de limpieza, ahí hay todo un “inchastre” que el autor ni siquiera indaga, solamente el trato obsceno que se confieren.
El discurso disociado y cargado de ideología de todo el mundo y vuelvo sobre lo mismo, la falta de una mirada reflexiva del director incomoda.
Finalmente y por eso la historia del principio, el director fascinado con su personaje, yendo a disparar juntos, es al menos abominable, realmente repulsiva, ya que nos reclama tener empatía con el invasor.
No necesariamente hay que entenderse como un traidor para trabajar con el enemigo pero indefectiblemente se termina siéndolo.



