El agente secreto, de Kleber Mendoça Filho
Con un inicio que desconcierta, ya que promete un film de explotación de la miseria, a la que nos tiene tan acostumbrados el “cine festivalero” del tercer mundo, en realidad, y sólo para establecer algún tipo de linaje, finalmente reconocemos su filogenia en el horror “lyncheano” pero aquí puesto en función de la denuncia política. Una palabra que, a fuerza de ser envilecida por los gestores del olvido, parece dar vergüenza pronunciarla, y que, como bien sabemos, resulta sin embargo su silenciamiento, todo un acto político en sí mismo.
Brasil tiene una larga trayectoria de cine, se registran desde 1906 películas como Los estranguladores (Os estranguladores, Francisco Marzullo, 1906) pasando por las vanguardias ( cinema Novo con su exponente en Glauber Rocha, Nelson Perera dos Santos o Carlos Diegues) movimiento interrumpido (como tantas otras cosas) por el golpe de estado de 1964, hasta el cine industrial contemporáneo.
También hay que mencionar la telenovela histórica, de la que Brasil es quizás inventor y máximo exponente. Se puede decir, sin lugar a dudas que es un país que tiene un lenguaje audiovisual propio, siguiendo obviamente el derrotero cultural del mundo en el que, como su arquitectura[1] y su música, acompañaron un proceso de industrialización y su voluntad de inscribirse en el movimiento moderno, cuyo corolario fueron los movimientos obreros de los cuales emergió su actual presidente Luiz Inácio da Silva, de extracción obrero-metalúrgica.
Las tensiones sociales, producto de esos procesos, que resultaron en las luchas gremiales tanto como la violencia de las relaciones campo-ciudad, fueron reflejados en películas como Ellos no usan smoking ( Eles não usam black-tie, Leon Hirszman , 1981) o documentales como Hombre marcado para morir (Cabra Marcado para Morrer, Eduardo Coutinho, 1964-1984) la que relata la historia del líder campesino João Pedro Teixeira; también cabe mencionar lo que se denominó tercer cine o nuevo cine latinoamericano, el cual resulta de la colaboración entre cineastas y movimientos sociales junto al manifiesto de Glauber Rocha La estética del hambre (1965)
Brasil desarrolló un cine de alcance internacional, en el que se inscriben entre otras Pagador de promesas (O Pagador de Promessas, Anselmo Duarte, 1962) aunque repudiado por la crítica local debido a su abierta critica a la institución eclesiástica, la ya mencionada Ellos no usan smoking; Pixote aunque su director es de origen argentino (Pixote, a Lei do Mais Fraco, Héctor Babenco, 1980) o Ciudad de dios ( Cidade de deus, Fernando Meirelles y Katia Lund, 2002) y la recientemente oscarizada Aún estoy aquí (Ainda Estou Aqui, Walter Salles, 2024)
Se pude trazar una línea imaginaria desde Pagador de promesas hasta El agente secreto, de Kleber Mendoça Filho, desde un sujeto inconsciente, pasando por las luchas obreras, el drama de las favelas, el familiar, hasta la introspección del sujeto frente a la pérdida.
El cine brasileño, sin lugar a dudas, en lo formal ha llegado, o siempre tuvo un gran desempeño aunque se haya reflejado tardíamente en premios Oscars, para bien o para mal.
El agente secreto, en forma de thriller, sin dar muchas explicaciones, plantea un problema crucial entre generaciones, un padre que contra todo riesgo quiere saber lo sucedido con su madre, y un hijo que quiere olvidar; en medio de todo eso, se juega los ideales sobre el destino de un país, del mundo, la pérdida y el amor. Es interesante, a mi juicio, que todo el film evita entrar en situaciones melodramáticas en las que sí cae (desafortunadamente) Todavía estoy aquí, tampoco se extiende en dar muchas explicaciones, para finalmente resolverse y sintetizar en un largo plano uun tiempo que nos permite reflexionar sobre nuestras historias personales respecto a la pérdida y a cuánto queremos saber sobre las mismas. En definitiva la pregunta es: qué hacemos con eso que es la memoria.
Finalmente, tanto El agente secreto como Todavía estoy aquí, adolecen de señalar el problema estructural de la violencia de Estado, incluso y paradójicamente Todavía estoy aquí puede ser leída tranquilamente por “derechas” principalmente al suscribirlo exclusivamente al entorno familiar (quizás por eso ganó el premio Oscar), y El agente secreto como un asunto mafioso con complicidad del Estado, pero no como un problema estructural y cíclico del capitalismo.
[1] GRAEFF, Edgar; JAIMOVICH, Marcos; DUVAL, José; LINDENBERG, Néstor y Slioma SELTER. Arquitetura contemporânea no Brasil. Editora Gertum Carneiro S.A., Río de Janeiro, 1947.


