768923, EL DOCUMENTAL
768923MIREY o CUANDO EL CRITICO ES UN SOFISTA
Hay un adagio que dice -más o menos- que si hay que explicar un chiste, deja de serlo. El documental sobre la película 768903, tiene dos ejes, una es el intento de justificar la película, y la otra es el intento de actualizarla a la realidad presente.
Recuerdo perfectamente el día que me comentaron de su producción, había llevado unas tomas a una casona en San Telmo, algo que parecía más bien un conventillo “cheto”, lugares completamente desconocidos para mi. La persona, un joven publicista de zona norte, muy entusiasta, me hablaba de su colaboración con una película, «La primera película del cine argentino que no tiene mensaje».
No quiero entrar en un discurso academicista que oculte los sentimientos que me produce el asunto, tampoco voy a defender la posición de la revista “El Amante”, pero decir que , como dicen en el documental, que aquellos jovenes rebeldes ahora están en la derecha; primero no descalifica per se su análisis; segundo me da también a pensar el papel que ocuparon los “jovenes publicistas” en ese momento, su lógica de producción, que se escondía detrás del remanido discurso de que el cliente es un cliente, haciendo gala de “cual sería ese para el que no trabajarían”, al tiempo que aceptaban y promovían formas de trabajo absolutamente inhumanas, de explotación infame, pero la época reclamaba eso, bajo el lema de las exigencias que la publicidad requería, el de la modernización; la apertura de los shoppings que 20 años después confirmarían la peores sospecha de entonces, las nuevas leyes laborales de modernización van finalmente a obligar trabajar a destajo a sus empleados, el estado de narcotráfico, el lavado de dinero, la persecución a disidentes, la ceguera social frente a desaparición y trafico de mujeres etc. Por todo esto, no pude dejar de ver el film con cierto de fastidio, el del sentimiento de escuchar a gente que salta del barco a tiempo y que acomoda las palabras al momento en que vive para finalmente colarse en el presente con las manos lavadas.
Pongamos en contexto, mis palabras. 2003, final trágico del proyecto Liberal-menemista, el entonces y futuro expresidente Menem, había convertido al país en un narcoprostíbulo, con el hasta entonces primer avance ultraliberal en democracia, se habían llevado adelante, con la complicidad de una amplia mayoría, -algunos engañados, es verdad-, las primeras privatizaciones, todas denunciadas de corrupción; la venta de “las joyas de la corona” apoyadas en la ya triste, célebre y circularmente usada frase de que: no hay dinero, y sin embargo, mientras se hundía el país, la consigna pizza y Champagne junto a los viajes a Cancún, los trajes extraordinariamente caros del entonces presidente con las tapas de revistas como la de Noticias en la que la entonces ministra Secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano, acusada de enriquecimiento ilícito, con una foto de Osvaldo Dubini, imitando las fotos de Ken Marcus para Playboy se presentaba supuestamente desnuda envuelta en pieles, avalaban la “fiesta”, junto también a la voladura de todo un pueblo para ocultar la venta ilegal de armas.
Viendo esta imagen, podría decir que en ella se encuentra el propio sentido de la película, una imagen que por desgracia creó un significante vacío: permite tanto festejar la época, como criticarla; preguntarle hoy al fotógrafo, qué quiso hacer en la mencionada foto ya no tiene sentido; querer explicar la obra, justificarla, va contra toda proposición analítica, ya que las mismas personas que acá justifican el film como crítica a una época, tranquilamente y frente a otro fenómeno estético podrían decir que el arte se debe justificar por si mismo, finalmente habría que darle la razón a los que acusan a la crítica de carente de seriedad, y en este particular caso también de principios.
Es curiosa una narración cuyo lema (marketing) es que no tiene mensaje y elige tres momentos del país que podríamos decir que (a mi modo de ver) marcan giros que fueron rompiendo poco a poco los logros y derechos de una sociedad basada en la justicia social, tranquilamente podría haber elegido otros.. pero, claramente decir que no tiene mensaje, no es distante al “váyanse todos” o “hay que terminar con la casta” la consigna es al menos, lejana sino diametralmente opuesta a lo que plantean los críticos en pantalla sobre el documental.
Otro despropósito (me había propuesto no usar epítomes) es el intento de justificar lo políticamente incorrecto del film con otras películas tal como Los inútiles (I vitellone, Fellini, 1953, IT) ademas que la comparación le queda algo grande, lo que parece que pasan por alto, es el punto de vista del director sobre la prepotencia de los jovenes retratados, acomodados (o no) que abusivamente se ríen y maltratan gratuitamente a los trabajadores, mostrando o copiando la indignidad del trato que la patronal le inflige a sus empleados, así es que el director marca una esperanza en la tarea del cine la de mostrar las inequidades de la vida, y sueña con un momento de cómica revancha, cosa que no es la situación ni el discurso sobre los personajes de nuestra película, es claro que al no tener mensaje, hoy puede ser vista como una critica y no como un festejo, de igual manera sucede con la liviandad con que se asocia el duo “capocómico” Porcel-Olmedo, no porque no sea cierta la relación, sino porque no era necesario una revolución verde para repudiarlos, está clara la inscripción de los críticos en una contemporaneidad que les permite dibujar barreras éticamente lábiles.
La situación es similar a la comparación que hacen con el film de Don Siegel, un film que visto en retrospectiva, resulta cómica, incluso un chiste, sin embargo en su momento fue prohibida en Finlandia, Noruega y Portugal; la soberbia de estos chicos tiene el mismo tamaño de la critica a la que responden; por otra parte, también, hay que recordar que Don Siegel es el autor de Body Snatchers, película que es el epitome de las películas anticomunistas donde el director, con suma habilidad o la habilidad de los críticos para poder digerir que una película nefasta tenga una gran construcción narrativa y puesta en escena, o simplemente para justificar por gusto propio, olvidando que una obra es forma y contenido, crean la idea de que Siegel había dejado la puerta abierta a que ese trabajo, muy en el fondo, es una crítica a la paranoia anticomunista, una operación extrañamente similar a nuestro documental, debido a que el Sofismo extemporáneo revestido de revisionismo permite todo.
Es cierto que en el film de Don Siegel, quizás no se entendió en su época, lo que hay que escuchar también son las palabras de Eastwood cuando dice, justificando el film, que la policía estaba atada de manos por los organismos de derechos humanos, buéh… en todos lados se cuecen habas. Pero el documental de Benoit sobre el film de Nardini-Bernard parece mas una justificación que un análisis critico, voy a citar un texto de Sergei Eisenstein, ya que para esta operación de sentido, llamada documental, llamaron a un grupo de críticos para validar el discurso.
La historia es la siguiente:
Goebbels después del estreno del Acorazado de Potemkin en Alemania, da un encendido discurso frente a una multitud reunida de personal de la UFA; inteligentemente no la censura, sino dice a los cineastas alemanes que el tercer Reich necesita esa clase de películas, arenga al público afirmando que Alemania tenga también su acorazado.
A lo que Eisenstein en una carta en el New York Times responde, entre otras cosas lo siguiente:
“¿Cómo te atreves a exigir a tu productora cinematográfica que retrate la vida con veracidad sin exigirle, ante todo, que muestre al mundo a los miles de personas que languidecen y son maltratadas en las catacumbas de tus prisiones, en las cámaras de tortura de tus fortalezas? … Sabe perfectamente que una película honesta y artística solo podría ser aquella que expusiera en toda su crudeza el infierno en el que el nacionalsocialismo ha sumido a Alemania...” ,
Digo esto, porque 768923 para ser realmente una critica a ese pasado y presente en el cual se intentan instalar, (cosa que nunca entendí como tal, incluso más bien como una exaltación con aspiraciones de ser una comedia algo noir), debiera ser no sólo una visión sobre tres perdedores (qué mas divertido pero también cuanta soberbia, el de retratar perdedores?) sino que debiera poder mostrar que esa historia en realidad es el emergente de otra, incluso el “montaje” sobre la “fiesta” de los 90, donde la cocaína y la prostitutas palaciegas se habían naturalizado de la mano de los autos de lujo; que no solo le eran regalados al entonces presidente, sino que esos mismos publicistas que ahora son críticos, pergeñaban en medio de una de las peores crisis del país, campañas que regalaban o rifaban autos de lujo[1], crisis producida por el saqueo sistemático del estado por un gobierno y sus cómplices, algunos incluso que traicionaron el mandato de las urnas con un discurso travestido de crecimiento, a la mayoría de las bases que lo habían votado, era solo el emergente de una lucha descarnada por los recursos de un país en el que para acceder a ellos se debía desmontar primero sus logros sociales.
En el film sucede algo que todos en el documental parecen querer trastocar; y si le dan tanta importancia a justificar el film, es porque en el fondo todos fingen demencia para poder digerirlo, quieren hacer creer que la violencia sexual sobre una mujer es una cuestión de época, que estaba tan naturalizado que se podía ver como un chiste prostituir a una menor y suministrarle cocaína en un burdel, donde baila en una jaula a-go-go, tan naturalizado como ahora, que mientras se acusa de pedófilos a la comunidad LGTBQI+ se lleva acabo las relaciones carnales como nunca antes con un gobierno que está realmente señalado por pedofilia; incluso, uno de los protagonistas dice, con cierto dejo de nostalgia: hoy esa escena no se podría hacer. No señores, en esa época tampoco, está claro en la reacción contada por la actriz en cuestión sobre el malestar de su padre, malestar que parece acallarse cuando se entera que la que está teniendo sexo no es su hija; claro si la hace una trabajadora social está bien… mmhh que horrible suena todo; principalmente. porque todo el mundo se rió de una situación aberrante, y no es cuestión de que la actriz si participó o no participó, sino el problema es el mensaje, lo que deja al espectador…. si no, a la manera de un Sofista, una cosa es valida a mi gusto. Yo se bien que en Saló (Pasolini, 1975) la materia fecal que les hacen comer no es real pero no deja de ser horrendo, lo importante es que muestra y lo que deja la imagen, decir que en realidad no hay sexo con una menor, es como el ladrón que roba un banco y justifica sus buenas intenciones porque usó una pistola de juguete.
Y si dice que describe al porteño, o al argentino, en la lógica del film que más da?, el problema es que es una generalización mentirosa, y por la misma razón que la carta de Eisenstein cuestiona a Goebbels: nuestra película para decir la verdad, debiera decir primero que no todo los porteños son ese grupo de infames, como también y esto lo reafirmo, (festejo cierta propia pacatería) y me hace enojar y mucho la escena con la menor de edad, no sólo porque está en el pasado, sino que se que todavía, en los countries suele suceder, que en ausencia de las esposas se contratan chicas muchas menores, que las salidas de pesca y caza ocultan viajes a puteríos, que está indiscriminadamente “legalizada” la zona roja de “Dowton” de CABA, que alumnas se ganan la vida prostituyéndose, porque “ganan más que limpiando pisos”. Me enoja la escena y no me causa ninguna gracia, aún cuando me digan que es lícito ganarse la vida así y que mi discurso peca de moralismo rancio.
En ese contexto, el final, con la crítica al Presidente de la Nación parece más un intento de decir: “yo con esto no tuve nada que ver”, parece, porque no se hace cargo de que ellos con sus publicidades hicieron esto, seguramente, van a decir que no entendí nada, quizás sea cierto, pero cuando los mariscos tienen olor raro, mejor no comerlos, por las dudas.
1 En los últimos días del gobierno de Carlos Saul Menem, existió una publicidad, si mal no recuerdo de la empresa Shell en la que se sorteaban coches Roadster.



