LOS CAMINANTES DE LA CALLE de Juan Martin Hsu:
Estamos en tiempos de confusión y de incertidumbre, pero es cierto también que en medio del caos que presenta la realidad, hay gente y comunidades, como en este caso, las del sudeste asiático que parecen intentar demarcar su identidad en el cine, posibilitado esto, principalmente a que ya hay camadas de cineastas hijos de inmigrantes, formados en las diversas escuelas nacionales de cine.
Dice Martin Hsu en una entrevista
“Yo nací en Argentina y mis padres son de Taiwán y China, estudié en la Universidad de Buenos Aires la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, y aunque siempre vi películas de todo el mundo lo que aprendí de cine fue a través del cine argentino; no solamente a través de sus películas, pues tuve la oportunidad de hablar personalmente con muchos directores. A diferencia de otros países y ciudades, en Argentina uno puede encontrarse a algunos de estos directores en algún bar o en la calle”.
Argentina está entre los principales lugares de acogida de la migración del llamado lejano oriente, la más antigua es la japonesa (1908), tiene una comunidad sumamente grande (apróx. 111.000 personas) , la cual vive en, además de Buenos Aires, en las provincias de Misiones, Mendoza o la ciudad de la Plata entre otros lugares. Si hoy se encuentra principalmente en la capital federal, la comunidad está perfectamente integrada en todas la principales ciudades del país.
Y aunque no es muy sabido, son los filipinos los más antiguos migrantes, tan antiguos que participaron de la guerra de independencia; se dice incluso que había marineros filipinos en el barco de Bouchard.
Después que arribó la migración japonesa, empujada principalmente por la guerra ruso japonesa (1905); recién a partir de los años ‘60 del siglo XX empezó a llegar de una manera continua y concurrida la inmigración coreana a nuestras costas, muchos en condiciones muy precarias; fundaron entre otras cosas colonias agrícolas como la de Lamarque, en una zona aledaña a la ciudad de Choele-Choel, provincia de Río Negro.
Una tercer ola inmigratoria, a partir de los años noventa del S. XX, hizo de la migración china la primer colectividad del sudeste asiático.
Hsu, pertenece a a la primera generación nacida y criada en la Argentina, hijo de padres Chinos y Taiwaneses, estudio en la UBA imagen y sonido en la actualidad, ademas de director, se desempeña como colorista. Los caminantes de la calle es su segundo largo. Esta obra que nos convoca, es un film sencillo con grandes complicaciones, no por problema técnico alguno, sino por la cantidad de raíces en las que breva, incluso me atrevería a decir que es la segunda parte de su documental La luna representa mi corazón.
Los caminantes es una ficción basada en hechos reales, la info de la película cuenta que en el año 2010 las llamadas mafias chinas desembarcan en Mendoza, aunque la historia que el film nos cuenta sucede seis años mas tarde, en el 2016; y si Hsu pone el ojo (cámara) en ese hecho, no deja de sobrevolar el hálito de la relación con su otro film La luna representa mi corazón, pero sin cargarla de forzadas referencias familiares. Sabemos que la vida del director está marcada por la muerte del padre en circunstancias no aclaradas, con lo cual, el film puede ser una suerte de catarsis interior, una suerte de búsqueda de justicia trascendente; incluso sus referencias cinematográficas como la de Johnnie To Kei-fung en palabras del propio director, aunque perfectamente visibles en su trabajo, y si bien puede resultar extraño a una visión inocente del film, hacen del trabajo no solo una suerte de búsqueda personal sino que establece lazos entre el pasado (tradiciones) y la historia personal; me atrevo a decir que el film muestra al arte como construcción de conocimiento, tanto para el espectador como para el autor y sin embargo, es un film que puede ser leído, , autónomamente y eso es un gran mérito.
Es interesante observar también cómo la inmigración del sudeste asiático empieza a buscar su voz, contar su historia; se abre paso en la historia de la argentina como un actor más con pleno derecho y, como siempre, el cine nos brinda la posibilidad de asomarnos a esas historias que nos constituye aun sin saberlo.
Personas como Martin Hsu, nos muestran no sólo la plena vigencia del lenguaje cinematográfico, la necesidad del mismo como dispositivo cultural, sino como reservorio de la memoria a pensar. La idea (canalla) que el cine puede ser reemplazado por una red social, es casi lo mismo que decir que la comida podría ser reemplazada por sachets de proteínas predigeridas.
Mi agradecimiento a estos directores/as como Cecilia Kang o Martin Hsu, que al bucear en sus vidas encuentran respuestas para las nuestras.


